Cien años de soledad

Burla burlando ya van seis delante

1939498_697792003610429_4291982312384393237_n

Gabriel García Márquez entró hace muchos a mi vida, y lo hizo de la forma más oportuna:  con Cien años de soledad -libro que me prestaron y jamás regresé-. Después, cuando todo comenzó a modificarse en mi vida; llegó con más fuerza. Cuando hace días me enteré que estaba en el hospital, me di a la tarea de comenzar a leer más de él; así pasó “El coronel no tiene quien le escriba”, “Memoria de mis putas tristes”, “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” y justo el día que dejó de existir estaba con “Doce cuentos peregrinos”. Así es esto. Para mí ya se terminó el boom latinoaméricano, y ahora hay que sacar la casta y relevar a los grandes.

En fin; este año he ido extinguiéndome un poco más; burlando burlando ya van dos adelante -sólo este año-:

“Más allá de los cincuenta años empezamos a morir poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los shamanes de la juventud parten sucesivamente. A veces ya no pensábamos tanto en ellos, se habían quedado atrás en la historia; other voices, other rooms nos reclamaban. De alguna manera estaban siempre allí pero como los cuadros que ya no se miran como al pirncipio, los poemas que sólo perfuman vagamente la memoria.

Entonces -cada cual tendrá sus sombras queridas, sus grandes intercesores- llega el día en que el primero de ellos invade horriblemente los diarios y la radio. Tal vez tardaremos en darnos cuenra de que también nuestra muerte ha empezado ese día; yo sí lo supe en la noche en que en mitad de una cena alguien aludió indiferente a una noticia en la televisión, en Milly-la-Foret acababa de morir Jean Cocteau, un pedazo de mí también caía muerto sobre los manteles, entre las frases convencionales.

Los otros han ido siguiendo, siempre del mismo modo, la radio o los diarios, Louis Armstrong, Pablo Picasso, Stravinsky, Duke Ellington, y anoche, mientras yo tosía en un hospital de la Habana, anoche en una voz de amigo que me traía hasta la cama el rumor del mundo de afuera, Charles Chaplin. Saldré de este hospital. Saldré curado, eso es seguro, pero por sexta vez un poco menos vivo.”

 

El cuento anterior lo encuentran en el libro “Un tal Lucas” escrito por Cortázar. Y sí, así me siento a los dieciocho años; y cómo no, si cuando nací  los grandes maestros que se admiran ya están muertos o en la vejez. Pero qué se le puede hacer: nada.

Mi recomendación es simple: lean a García Márquez. Ése es el mejor homenaje que se le puede hacer.

Imagen: Cinismo Ilustrado

Anuncios